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La mente detrás de Manas

Nuestra misión es simple y profunda: visibilizar, honrar y narrar a las mujeres que sostienen la cultura colombiana, las que crean, las que luchan, las que cuidan, las que abren caminos.

Aquí, contar historias es un acto de resistencia.


Y cada capítulo es una forma de decir:

lo que empezó como un murmullo, hoy es país.

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La historia

Somos tres mujeres colombianas que crecieron escuchando historias en voz baja: las de las abuelas que nunca tuvieron tiempo para contarlas, las de las artistas que resistieron en silencio, las de las niñas que soñaron con ser algo más de lo que el mundo les permitía. Manas nace de ese murmullo colectivo que siempre estuvo ahí, vibrando por debajo de la historia oficial, esperando convertirse en voz.

 

Creemos en la narración como un acto político, en la memoria como un territorio que se cuida, y en la hermandad como un lenguaje propio. Por eso construimos un proyecto transmedia que recoge la fuerza de las mujeres que han hecho este país desde la cocina, el arte, la ciencia, la fe, los barrios, las plazas, los escenarios y las montañas. Queremos que quienes entren aquí encuentren lo que nosotras encontramos investigando: un colectivo inmenso de mujeres que resistieron, crearon, soñaron y transformaron Colombia sin pedir permiso.

 

Cada una de nosotras aporta una mirada distinta; la visual, la sonora y la narradora, pero todas compartimos el mismo propósito: levantar la voz. Este espacio es nuestra forma de agradecer a quienes vinieron antes y de abrir camino para quienes vienen después. Aquí celebramos, cuestionamos, lloramos, reímos y hacemos memoria juntas.

 

Este proyecto no sólo cuenta historias: las honra.
Y lo hace desde un lugar íntimo, cinematográfico y profundamente femenino.

 

Porque lo que empezó como un murmullo…
hoy es país.

Agradecimientos

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Zharick Noriega Ávila 

A lo largo de estos cuatro años de carrera pude conocer a muchas personas que marcaron mi camino y, sobre todo, pude demostrarme que soy capaz de lograr mucho más de lo que creo. Este convergente me enseñó que no se necesitan grandes equipos para sacar adelante un proyecto grande y bien hecho; Ana y Lina me demostraron que basta con la dedicación, la responsabilidad (aunque con muchas caídas) las risas, los bailes, el cariño y la entrega verdadera.

 

Manas me demostró lo hermoso que es encontrar diversidad entre nosotras, me recordó que las mujeres somos enormes, poderosas, y que solo hace falta creérnoslo para transformar lo que tocamos.

 

Estoy profundamente agradecida con cada persona que aportó su granito de arena para que este proyecto hoy sea una realidad.

 

Soy feliz con el resultado de cinco meses de trabajo, pensando en el más mínimo detalle para entregar no solo un proyecto, sino una experiencia completa.

 

Un beso y un abrazo gigante,
Zhar.

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Lina Johana Nieto Galvis

Una vez más, un proyecto con causa y propósito. Agradecida con los pinceles que trazaron un hermoso lienzo llamado: Manas. Las mujeres siempre podemos resignificarnos.

 

Siempre he dicho que para crear hay que creer, y crees es tener fe, fe en que este mundo nos verá con ojos más limpios, nos reconocerá.

 

Si pudiera definir a Manas en una palabra diría Luna, un farolito persistente y lleno de luz en medio de tanta oscuridad.

 

Recuerden, todo lo que está hecho con amor, está bien hecho. Este proyecto fue amor en todo su esplendor. Amor por el gran privilegio que tenemos de haber nacido mujeres.

 

Siempre en mi corazón,

Li.

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Ana Sofía Alemán Moreno

Este proyecto nació como un murmullo y hoy se cierra convertido en una voz colectiva. Manas es mi último trabajo en la universidad y también el lugar donde puse mi corazón sororo, mi sensibilidad y todo lo que creo sobre la fuerza de las mujeres.

 

Gracias a Lina y a Zharick, porque fuimos valientes al sacar esto adelante las tres. Porque hicimos un equipo que no solo funcionó: brilló. Gracias por permitirme ser parte de algo tan lindo, tan pensado con las manos, la cabeza y el alma. Con ustedes confirmé que la sororidad también se trabaja, se construye y se celebra.

 

A las mujeres que hicieron esto posible, las que entrevistaron, las que acompañaron, las que abrieron su historia, y las que, sin saberlo, sostienen este país todos los días, gracias por ser raíz y camino.

 

Y al profesor José Luis Molina, gracias de verdad. Por su paciencia infinita, por leer incluso cuando el caos me leía a mí, por acompañar cada crisis como si fuera parte del proceso, por recordarme que crear también es un acto de cuidado. Sus “sí se puede, Ana” no solo me ayudaron a terminar este proyecto: me devolvieron calma, impulso y confianza cuando más lo necesitaba. Gracias por enseñarme que detrás de un buen trabajo siempre hay alguien que cree en uno antes de que el trabajo exista.

 

Cierro este proyecto con la certeza de que cuando las mujeres nos juntamos, el país cambia de tono. Y este… fue nuestro murmullo.

Siempre un placer,

Ana.

Bogotá, Colombia 

Universidad Externado de Colombia

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